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Medidor o tallador de "quintos"

 Autor: Juan Valdominos

 Datación: 1860

 Materiales: madera y metal

 Medidas: 200 x 8 x 6 cm (altura x  anchura x profundidad)

 Cesión: Ayuntamiento de Horche

 

Medidor quintos_01.jpgEl término «quintos» surgió durante el reinado de Juan II de Castilla (1406-1454), cuando se estableció que uno de cada cinco varones debía servir en el ejército. Tras siglos de levas forzosas y voluntarios pagados, en 1704, bajo el reinado de Felipe V, la dinastía borbónica implantó un sistema de reclutamiento forzoso inspirado en el modelo francés, conocido como sistema de «quintas», basado en la selección por sorteo de una quinta parte de los mozos en edad militar.

Durante los siglos XVIII y XIX, diversas ordenanzas regularon el reemplazo militar, introduciendo exenciones como la sustitución y la redención en metálico, lo que generó una profunda desigualdad social. La Ordenanza de 1837 consolidó este sistema, vigente, con modificaciones hasta finales del siglo XIX. La reforma de Canalejas de 1912 intentó corregir estas desigualdades mediante el servicio obligatorio, aunque mantuvo ventajas para los denominados «soldado de cuota»[1], que permitían reducir el tiempo de servicio. A lo largo del siglo XX se redujo progresivamente la duración del servicio militar, «la mili»; hasta su suspensión definitiva en 2001 y su sustitución por un ejército profesional.

El reclutamiento

El reclutamiento era un proceso largo en el que intervenían el gobierno central, las diputaciones provinciales y los ayuntamientos. El gobierno fijaba el número de hombres necesarios para cada quinta y lo distribuía entre las provincias, mientras que las diputaciones repartían el cupo entre los municipios y supervisaban el proceso.

Los ayuntamientos se encargaban del alistamiento, que se anunciaba públicamente y se elaboraba a partir del padrón municipal, el Registro Civil y los libros parroquiales, incluyendo a los jóvenes que cumplían la edad reglamentaria, generalmente entre los 18 y 21 años. Estos jóvenes formaban las denominadas «quintas», el reemplazo anual de soldados nacidos el mismo año, origen de la expresión «ser de la misma quinta».

Tras el alistamiento se celebraba un sorteo público, conocido como «entrar en suerte», en el que cada mozo obtenía un número que determinaba sus posibilidades de ser seleccionado para el servicio militar. Después del sorteo, los jóvenes esperaban la fecha para ser tallados y posteriormente se realizaba la clasificación entre soldados y suplentes, estos últimos necesarios debido al elevado número de exclusiones. La clasificación dividía a los mozos en aptos (útiles), con aplazamiento o exentos. Finalmente, el cupo se entregaba a la Caja de Reclutas y la incorporación al servicio activo tenía lugar al año siguiente.

La talla de los quintos

Hasta mediados del siglo XIX, la estatura de los mozos se medía en pies, pulgadas y líneas, variando la altura mínima exigida según la época. En 1877 se fijaron dos tallas mínimas: 1,54 m para el Ejército activo y 1,50 m para la reserva, estableciéndose además los límites de exclusión total en 1,50 m de altura, 48 kg de peso y 75 cm de perímetro torácico. Los mozos que no alcanzaban estas medidas exigidas, eran denominados de manera despectivamente «cortos de talla».

ilustracion tallado.jpgCon el paso del tiempo, los criterios físicos se fueron adaptando. En 1924 el peso dejó de evaluarse mediante cifras concretas y se priorizó la detección de problemas de raquitismo u obesidad. Posteriormente, el reglamento de 1943 redujo la estatura mínima a 1,45 metros debido a la necesidad de efectivos durante la posguerra española y la Segunda Guerra Mundial.

En Horche, como en tantos otros pueblos, el día de la talla de los quintos era una fecha señalada. Tras el sorteo, normalmente entre febrero y marzo, se celebraba el acto de llamamiento y declaración en el Ayuntamiento. Los mozos eran llamados uno a uno para pasar al salón de plenos, donde eran examinados en presencia del alcalde, secretario y concejal delegado de quintas, junto al médico y quien hubiera sido asignado como tallador. Se les pesaba, medía la estatura y el perímetro torácico[2], y evaluaba físicamente; luego podían alegar causas familiares o problemas físicos para evitar el servicio. Entre las más habituales: ser hijo de viuda pobre, tener un padre de sexagenario, contar con un hermano ya en filas o padecer dolencias como mala visión, cojera, soplos cardíacos o pies planos. Finalizado el proceso, los jóvenes eran declarados útiles o exentos, con posibilidad de reclamación y nuevo reconocimiento médico.

En Horche, este proceso de tallar se realizó en el Ayuntamiento hasta la década de 1980, siendo Juan Antonio Muela el último tallador. Posteriormente se trasladó a Guadalajara, donde el reconocimiento médico se efectuaba en la Clínica del doctor Pedro Sanz Vázquez.

Medidor de «quintos»Medidor quintos_03.jpgMedidor quintos_02.jpg

La picaresca y los intentos de engaño en la talla eran frecuentes, por lo que, a partir de 1877, se recomendó la adopción de un artilugio de medición más preciso, el aparato «Cazorla», en referencia a su inventor[3]. Surgieron nuevos modelos, como el de Pedro García de la Torre, avalado en 1881 por la Sociedad Económica Matritense[4]. En 1920, el Ministerio de la Guerra aprobó y declaró obligatorio el uso de la «Marca para tallar», inventada por Manuel Ristori y Guerra de la Vega, junto con Miguel Jiménez y Jiménez[5].

En Horche, el Ayuntamiento contaba desde mediados del siglo XIX con medidor de quintos conforme al sistema métrico decimal, implantado en 1858. Según sus inscripciones, fue fabricado en 1860 por Juan Valdominos[6]; bajo su nombre figura la cifra 1.900, que corresponde la marca de estatura en centímetros, aunque en la práctica casi nadie alcanzara 1,90 m en la España del siglo XIX.

El aparato consiste en un listón de madera de dos metros, pintado de verde con marcas cada diez centímetros hasta 1,30 m y una regla metálica superior con marcas de decímetros, centímetros y medios centímetros, incorporando divisiones en milímetros a partir de 1,50 m. La línea situada a 1,54 m señala la talla mínima exigida en esa época, y a 1,56 m aparece una hendidura central.

Cuando el aparato fue cedido al Museo, se acompañaba de una pieza de madera del mismo ancho que la hendidura, probablemente un añadido supletorio para que el instrumento se siguiera utilizando por la modificación de estatura. El medidor cuenta además con una tapa protectora, aunque no se conserva la barra o listón horizontal para apoyar sobre la cabeza del mozo, lo que indica que se debió de perder o estropear con el uso.

Durante la Guerra de Cuba (1895-1898), se llamó a filas a los excedentes de cupo y se movilizaron reemplazos ya licenciados. Los mozos de Horche que formaron parte de estos reemplazos pasaron por este tallador y debieron ajustarse a las medidas establecidas por la ley. Lo mismo ocurrió con los destacados a la Guerra de Filipinas (1896), entre ellos el joven horchano Vítor Muñoz, quien estuvo defendiendo la bandera española en Asia.

Tradiciones popularesVíctor_Muñoz.jpg

En Horche, como en otros pueblos, este proceso adquiría un carácter colectivo y social, que dio lugar a una rica cultura popular, reflejada en canciones, coplas, refranes y celebraciones. Así, en la noche de las Hogueras de la Purísima, los horchanos llamados a filas solían encender la «hoguera de los quintos», que en los últimos tiempos se “echaba” en la Cuesta del Matadero. También era habitual la celebración de meriendas, para ello recorrían las casas del pueblo, pidiendo dinero a los vecinos: «Da algo pa´ los quintos».

En la noche del 30 de abril y la madrugada del 1 de mayo, los quintos bajaban a la vega a cortar un chopo, que luego se erigía en la plaza Mayor durante todo el mes de mayo. La celebración incluía, entre otros, cantos acompañados por la ronda: «Noche del 30 de abril / cantamos a la patrona, / pues recibimos el mes, / con los Mayos y una jota».

 

[1] El 6 de febrero de 1925, con motivo de la ofensiva sobre Alhucemas, quedan suprimidas las cuotas, siendo llamados a filas todos los mozos.

[2] En 1912, la legislación incorporó, junto a la estatura, el peso y la capacidad torácica, al igual que en otros países europeos como Alemania y Francia.

[3] Los Debates, 09/05/1878, p. 1.

[4] El minero de Almagrera, nº 372, 28/10/1881, p. 4.

[5] Boletín Oficial de la Provincia de Albacete, nº 9, 20/01/1922, p. 1. Sus inventores publicaron su oficialidad y mandaron misivas a todos los ayuntamientos -cuyo presupuesto estuviese comprendido entre 100.000 y 200.000 pesetas- para su compra obligatoria, en un determinado plazo de años.

[6] En el Diario de Fray Tomás Moral (1848-1859), Tomás Moral menciona a Juan Valdominos como encargado de la obra de la torre de la iglesia de Horche, iniciada el 17 de junio de 1852, junto con su padre, Rufo, y un tal Olmeda, todos ellos vecinos de la localidad.

Bibliografía

  • GÁLVEZ PANCORBO, Paqui y OLMO DEL HOYO, Juan Carlos (2021): “La marca de tallar”. Boletín de la Asociación de Amigos de la Historia de Menjíbar (Jaén), nº 2, marzo 2021, pp. 9-18.
  • MOLINA LUQUE, J. Fidel 1998): Quintas y servicio militar: Aspectos sociológicos y antropológicos de la conscripción (Lleida, 1878-1960). Universitat de Lleida.
  • Testimonios orales de vecinos de Horche: Claudio Calvo García, Francisco Calvo García, Felipe López Caballero, Juan Muela Grande, Miguel Prieto García y Teófilo Ruiz Chiloeches.

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